UNA BRUTA EN LA CAMA
A las que creen tan brutas que no les da la cabeza ni para fingir un orgasmo como lo hacemos todas, a esas no las dejan. ¡Con esas se casan!
Aunque cueste trabajo creerlo, fingir tener pocos sesos en la cama es también sinónimo de poder. Erróneamente los caballeros piensan que algunas de nosotras somos unas taradas sin creatividad hasta para hacer el amor. Curiosamente, por eso se aferran más.
De los testimonios de muchos amigos he extraído frases como: "Lástima, es linda pero no tiene imaginación". Pero ojo a esas no las dejan. ¡Con esas sí se casan! Será entonces cierto eso que dicen que el matrimonio es el remedio contra la pasión.
No sé pero lo cierto es que, por el contrario con las exageradamente imaginativas, dispuestas, incansables y creativas, no se quedan, les huyen. Según sus parámetros machistas, esas exigen demasiado esfuerzo y, para un hombre, cualquier hombre, no hay nada mejor que estar con una que esté dispuesta a dar testimonio (juramentado si es preciso) de que como él: ninguno.
Por eso, señoras, es mucho lo que podremos lograr si aprendemos el arte de quedarnos calladas y fingir que no sabemos nada. Súmese puntos a su favor si, encima de todo (o, debajo de él, da igual) logra convencerlo de que es virginal e inexperta. Habrá que limitarse a ser la buenota del paseo y que todo el esfuerzo lo hagan ellos. Así, fingiendo que somos unas brutas, sin talento hasta para fingir un orgasmo, verá cómo en una abrir y cerrar de ojos, su aburrida pareja se convertirá de la noche a la mañana en todo un Tarzán de película porno.
He aquí algunas razones de por qué nos conviene fingir que hasta en la cama somos unas perfectas brutas:
- Porque de no ser así, la única actividad segura que tendríamos en la camasería tendiéndola.
- Porque a ellos les seduce la idea de dominar la situación. Les excita pensar queestán enseñándonos algo nuevo (así más pericia en el asunto tenga Emilio, nuestrovibrador) y que ellos son los únicos capaces de hacerlo.
- Porque es el secreto mejor guardado del mundo de las secretarias. Y ellas asu vez son las que mandan en la oficina. Bien mandaditas, calladitas... y si a ellasles funciona...
- Porque generalmente nos da pereza ser imaginativas con el mismo y por esoadoptamos la actitud de "vegetal". Sobre todo cuando estamos muertas del sueño.Cansadas y casadas hace más de 7 años... ¿fingir otra vez pasión? No, ¡qué jartera!
- Porque no hay nada que le fastidie más a un hombre que le digamos cómohacerlo. O, peor aún, que opinemos abiertamente sobre sus destrezas o habilidadesen la cama (si las tienen).
- Porque es divertido fingir que somos unas brutas sin iniciativa y dejar quesean ellos quienes hagan todo el esfuerzo.
- Porque el hecho de que todos terminen (o al menos lo piensen algunavez en sus vidas) dejándonos para enredarse con una loba sin sesos, así lodemuestra.
- Porque la creatividad y la audacia se dejan para el "otro". Para ellos unodebe seguir siendo "la señora de la casa".
- Porque eso nos garantiza que si nos dejan por "bobas", ellos se van jurandoque nos quedamos en casa añorando al "mejor bueno conocido", cuando el "malopor conocer" ha demostrado ampliamente y con sobrados méritos que es muchomejor en la cama (y en el carro, en el ascensor, en el baño del avión...). Creer que losextrañaremos les da ánimos para volver. Y a nosotras para volver a zapatearlos anuestro antojo.
—Porque, vamos, admitámoslo, nos encanta torturarlos sicológicamente.
- Porque para excitarlos a ellos de verdad sólo se necesitan un buen par de tetas,y no toda una ceremonia de iniciación. Menos que les dictemos cátedra en elasunto. ¿Entonces para qué tanto esfuerzo?
- Porque las velas aromatizadas, los libros de auto— superación, la terapia sexualde pareja, el kit de Kama Sutra y la suscripción a Cosmopolitan son carísimas y todoese gasto ¿para qué? Si, en resumidas cuentas, todas esas cursilerías que adquirimospara tener dizque una idílica noche de amor terminan siempre en lo mismo: él seviene y se va. Triste realidad.
En conclusión: hacerse la boba para pasarla mejor, parece que es lo único que funciona cuando de vivir en pareja se trata. Así como ellos, a lo largo y durante el transcurso de la historia han manipulado y dominado la estrategia de hacerse los tontos para salirse con la suya, no veo entonces por qué si luchamos por la taligualdad, no empezamos también a adquirir sus métodos para pasarla, eso sí, muchísimo mejor que lo que la hemos venido pasando hasta ahora. Y, sin tanta complicación, que es lo mejor de todo.
Las mujeres nos pasamos la vida quejándonos de todo. Ellos, en cambio, se pasan la vida riéndose de todo, incluyéndonos a nosotras. Es que, señoras, a veces somos tan obvias que ellos no pueden hacer más que ganarnos la partida en nuestra propia ley sin hacer el mínimo esfuerzo. Somos nosotras las que peleamos, discutimos, gritamos y pedimos el divorcio porque a ellos casi nunca se les ocurre dejarnos. ¿Para qué? Si de tanta cantaleta ya ni peso tienen nuestros argumentos. "Algún día se le pasará" es la frase comúnmente entre los hombres del mundo al referirse a alguna de nuestras célebres y más recientes pataletas.
Pero qué pasaría si nos cercioramos de no pasarles ni una. Pero al lado nuestro, porque eso sí, castigarlos para que otra los premie no es la idea. ¿Cuál sería el chiste? Aparentemos entonces que sí estamos dispuestas a hacer borrón y cuenta nueva para así hacerles creer que somos unas verdaderas brutas en potencia y no una amenaza constante de la que algún día deberán deshacerse si no quieren más dolores de cabeza en el futuro. La solución es el machismo por conveniencia, señoras.
Ésta es una revolución y ¡comienza ahora!
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