Si hoy fuera mi último día de vida...
Si hoy fuera mi último día de vida, me prepararía un café
bien cargado y dulcísimo, mientras busco directorios viejos.
Encontraría los números de tus antiguos amigos, hasta que
uno de ellos me diera razón de ti.
Mentiría, engañaría y hasta sería capaz de decir la verdad,
con tal de obtener tu nueva dirección.
Tomaría un taxi y ofrecería dinero que no tengo, para que se
pasara luces rojas y acelerara a fondo.
Al llegar, arrojaría un puñado de monedas y dos dulces de
menta al piso para pagar el pasaje, mientras todavía se moviera el auto.
Le inventaría una mala historia al portero del edificio para
que me dejara entrar.
Subiría los escalones de dos en dos, hasta llegar a tu
departamento. A grandes zancadas me acercaría a tocar el timbre diez veces.
Ante tu sorpresa después de tantos años, te diría que no hay
tiempo de explicaciones, te chantajearía para que confiaras en mí y abrieras.
Te tomaría entre los brazos y te confesaría al oido que mi
alma jamás dejó de ser tuya desde aquél día en que me miraste.
Te jalaría el cabello, te comería la boca, te lamería los
ojos, me llenaría de ti.
Me desesperaría al desnudarte y rompería la ropa y mis manos
temblarían por todos los recuerdos resucitados en tu piel.
Te mordería los hombros, te besaría el alma, mientras que
busco el botón que libere tus caderas de los jeans.
La primera vez me tomarías contra la pared. Nada de
acrobacias, las florituras las haríamos después.
Levantarías mis piernas para que abrazaran tu cintura, y tus
manos terminarían su abstinencia del vicio de mis muslos.
Buscaría tus ojos desde el primer empellón. No te quitaría
la vista de encima ni para darte vuelta. Han sido tantos años sin verte.
Al terminar, sudorosos y reencontrados, bromearía y te diría
que nuestra separación fue el juego previo más largo de mi vida.
Me dirías que soy una tonta, sonriendo por primera vez
mientras vamos cayendo hasta sentarnos en el piso. Tu mirada interrogante asomaría.
Te sostendría la mirada y como es tu costumbre, me
adivinarías el pensamiento. Asentirías, comprendiendo de inmediato.
Me contarías cinco años de historias que me debes. Te
contaría las mías y pelearíamos y nos encelaríamos por los amantes pasados.
Te llamaría por muchos nombres, con la ira avejentada. Te
reclamaría lo fácil que me dejaste ir.
Me echarías en cara mi cobardía y mi falta de carácter al
verte alejarte sin jalarte del brazo y obligarte a que te quedaras conmigo.
Cinco años de rencores a los que por fin abrimos la llave.
Intentaríamos herirnos como lo hacíamos entonces.
Usaríamos las mismas palabras, pero serían insultos huecos.
Citarías a Neruda para decirme que ya no somos los de entonces.
Buscaría entre mi ropa esparcida por el piso mi cajetilla de
cigarros. Encendería uno y lo fumaríamos juntos, otra vez.
Con un dolor apagado, nos haríamos el amor de nuevo, en el
piso, siempre imitando aquello que tuvimos una vez.
Sería este un orgasmo silencioso. Sin pasión. Me quedaría
dentro de ti hasta que mi cuerpo se retirara por su propia voluntad del tuyo.
Si hoy fuera mi último día de vida, me quedaría abrazado a
ti toda la noche. Mi último sonido, tus latidos. Mi última respiración, tu
olor.
Mi último sabor, tus besos. Mi última mirada, tu rostro. Mi
última sensación, mis dedos jugueteando en tu vientre.
Si hoy fuera mi último día de vida... pero no lo es. Y el
orgullo de los dos, es el más vivo de los tres.
Comentarios
Publicar un comentario